Existen casos en que pasan años en la recuperación de un menor extraviado. Al crecer éste, resulta muy difícil hasta para los propios padres reconocerlo y estar seguros de haber hallado a su verdadero hijo. Tómele huellas de manos y pies al menor y guárdelas bien, sáquele fotografías por lo menos cuatro veces en el año, sobre todo en el caso de preescolares. Anote sus señas particulares, tales como lunares, cicatrices, etc. Para conservar muestras de su ADN, guarde en una bolsita de plástico, indicando el nombre y la fecha de recolección, al menos 5 cabellos cortados de raíz, así como uñas cortadas de manos y pies y algún diente que el niño haya perdido de manera natural. Meta la bolsita en una segunda bolsa sellada y guárdela en el congelador. Todo será de gran ayuda para investigar en caso de desaparición.