El nuevo gobierno federal ha señalado en diversas
ocasiones que su política de seguridad corresponde a un enfoque de seguridad
ciudadana. ¿Pero a qué se refieren cuando hablan de seguridad ciudadana en
lugar de seguridad pública? Son dos modelos distintos.
El gobierno federal ha anunciado que focalizará su
estrategia en la disminución de delitos de alto impacto, lo cual es muy
rescatable, pues la resolución de casos de alto impacto repercute en la
disminución de la percepción de inseguridad. Ahora bien, una estrategia de
seguridad ciudadana no deberá descuidar el resto de los delitos, que tendrán
que ser juzgados a través del nuevo sistema de justicia y, sobre todo,
prevenidos desde una estrategia multisectorial. Además de disminuir la
incidencia delictiva, debe impulsarse la convivencia ciudadana.
Para la seguridad pública, el Estado y sus instituciones
son los responsables de garantizar el orden público. Para la seguridad
ciudadana, sociedad y gobierno son corresponsables en la construcción de
mejores condiciones de seguridad y convivencia. Un pacto firmado entre
instituciones del Estado es un pacto por la seguridad pública, no por la
seguridad ciudadana.
La gestión de la seguridad pública es burocrática y
jerárquica. Desde el modelo de seguridad ciudadana, dicha gestión incluye el
control ciudadano y promueve la transparencia y rendición de cuentas. Una
política de seguridad subordinada a un mando político o militar no es afín al
modelo ciudadano. Desde el modelo de seguridad ciudadana, los civiles pasan a
ser sujeto y objeto de las políticas de seguridad. Es de rescatar la reaparición
de la prevención como un foco de atención de las autoridades; sin embargo, la
participación de la ciudadanía no se agota en la denuncia. Una ciudadanía
partícipe es aquella que actúa en la generación de indicadores, supervisa
diversos procesos, pide a la autoridad le rinda cuentas, por ejemplo, en los
servicios policiales.
Una de las diferencias fundamentales entre los modelos de
seguridad pública y de seguridad ciudadana radica en la identificación de sus
amenazas. A la seguridad pública le interesa combatir el crimen, a la seguridad
ciudadana le interesa tutelar los derechos de los ciudadanos. Identificar los
riesgos y amenazas que impiden el pleno ejercicio del derecho a la seguridad
requiere de un diagnóstico de las condiciones y necesidades de los ciudadanos.
No es posible tampoco anunciar una política de seguridad
ciudadana de la mano de una Gendarmería Nacional (de carácter militar). Desde
el modelo de seguridad pública, los conflictos se resuelven con la fuerza del
Estado; para la seguridad ciudadana tales conflictos implican la aplicación
gradual y controlada de la fuerza, priorizando mecanismos de resolución no
violenta.
Una opción pertinente sería fortalecer a la Policía
Federal, recuperando sus virtudes y corrigiendo sus carencias con la
implementación de controles internos, mecanismos de transparencia, rendición de
cuentas y supervisión ciudadana. A su vez, un paso importante sería el
fortalecimiento del modelo de desarrollo policial. No hemos escuchado
propuestas en este sentido.
Si el gobierno federal en realidad tiene un modelo de
seguridad, es un modelo bipolar, que habla de seguridad ciudadana pero actúa
con enfoque de seguridad pública.
Presidenta de Causa en Común, AC
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