Fuente: El Universal
http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2013/06/65011.php
Los recientes acontecimientos de violencia sucedidos en
la ciudad de México, dentro del perímetro de la delegación Cuauhtémoc, abonan a la percepción de que el relativamente tranquilo Distrito Federal está sumándose a las entidades del país en las que la disputa de plazas por el trasiego y venta de drogas está cobrando su cuota de sangre en las calles, haciéndolas más peligrosas.
Las autoridades capitalinas han insistido en que los casos de las personas desaparecidas tras visitar el bar Heaven, el asesinato de un hombre a las afueras de un antro en la colonia Condesa y la ejecución de cuatro asistentes a un gimnasio de Tepito son hechos focalizados, tal vez conectados entre sí, pero no necesariamente representativos de una escalada de violencia. La ciudadanía, sin embargo, no puede quedarse tranquila frente a estas manifestaciones de violencia.
Ante eso, ayer el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, advirtió que ningún integrante de su gabinete tiene garantizada su permanencia y aseguró que exigió resultados tanto al procurador capitalino, Rodolfo Ríos, como al secretario de Seguridad Pública Jesús Rodríguez Almeida. “Desde la jefatura de gobierno estaré muy pendiente a los resultados que se puedan generar de manera permanente”, aseguró.
Y no podría ser de otra forma, el DF, pese a su tamaño y complejidad social, ha sido una especie de santuario de la violencia en el país, al que no habían llegado de manera sistemática las masacres o los asesinatos en serie, como por desgracia se ve en otras ciudades del interior. Era difícil imaginar que pudiéramos abstraernos por mucho tiempo más de dicha realidad, y ojalá estemos, en efecto, ante hechos aislados.
Es preciso cortar de tajo cualquier tentación de las organizaciones criminales por sentar sus reales en la capital de la República, lo que no sólo generaría un doloroso costo en vidas humanas e inseguridad, sino en imagen hacia el exterior. Son bienvenidas, por eso mismo, acciones como la que se pretende emprender en la colonia Morelos para rescatar no sólo su imagen urbana, sino sus niveles de vida y seguridad.
Las palabras de ayer del jefe de Gobierno Mancera parecen responder a aquellas otras, dirigidas algunos años atrás por Alejandro Martí a gobernadores de todo el país, en el sentido de que si no pueden con la tarea de ofrecer seguridad a sus ciudadanos, renunciaran.
Con la seguridad no se juega y tampoco es posible minimizarla. Estamos a tiempo de defender el bastión capitalino. No lo perdamos.