Algunas personas piensan que la acción represiva del gobierno se contrapone con la libertad del ciudadano. ¿Piensas tú que el estado tiene derecho a limitar las acciones de la sociedad, o que más bien debe permitir el libre ejercicio de todo individuo sin restricción alguna?
Las relaciones entre individuos que ostentan diversos intereses y voluntades suelen ser conflictivas. No existe una sola cultura en todo el mundo que no haya tenido que enfrentarse a los problemas que se ocasionan cuando un personaje o un grupo de personas pretenden imponer, ya sea su manera de pensar o sus acciones por encima de los demás. Ante este panorama, el gobierno debe hacer las veces de mediador entre las distintas pretensiones de los ciudadanos para tratar de resolver los conflictos de una manera pacífica y beneficiosa para ambas partes. Esto, como sabemos, no siempre es posible; existen situaciones en las cuales el gobierno tiene que hacer uso de la fuerza, siempre de una manera legítima, normada y prudente, con el fin de reestablecer el orden perturbado a causa del crimen. La coerción legal debe comprenderse como el derecho del que goza el Estado para ejercer medidas en contra de aquel que incumpla las leyes, pues cabe recordar que, al formar parte de una sociedad, el individuo se está comprometiendo implícitamente a respetar sus normas y preservar el orden social.
Max Weber, filósofo y sociólogo alemán, aseguraba que el Estado gozaba del “monopolio de la violencia y los medios de coacción”, con lo cual quería decir que únicamente el gobierno legítimo tiene la capacidad y el derecho para exigir el cumplimiento de la ley, incluso cuando esto implique el uso de la fuerza si las normas no son cumplidas de manera espontánea por un miembro de la sociedad. En el Estado de Derecho, el uso de la violencia es una excepción y una situación que escapa a lo ordinario, pues sólo se llega a ella cuando el incumplimiento de las leyes se vuelve tal que pone en peligro el orden social. Todas las leyes son coercitivas en el sentido de que ellas mismas implican un castigo en el caso de no ser cumplidas.
Existen algunas posturas e ideologías que
consideran que toda coerción es una forma de atentar en contra de la libertad del hombre. El anarquismo, por ejemplo, considera que toda imposición de autoridad es innecesaria y dañina. Ante esto, podemos citar los atinados pensamientos del filósofo alemán Immanuel Kant, quien afirmó que, algunas veces, la coerción es una forma de propiciar la libertad de los pueblos, pues, al obstaculizar parcialmente el albedrío de un individuo, se impulsa la libertad general de toda la sociedad, pues se aseguran las condiciones para que exista un estado de legalidad según el uso de la razón. Como queda claro, el uso legalizado, moderado y atinado de la fuerza por parte del Estado, o incluso su mera función como amenaza, puede servir como una forma de mantener el orden general de la sociedad, pues en cierta forma obliga a los individuos a mantenerse en un curso de acción que se encuentre dentro de la ley, además de que reprime comportamientos que pudieran afectar a algún grupo determinado de la población. Es importante recalcar que el uso de la fuerza siempre debe estar mediado por la legalidad, además de que deberá respetar los derechos humanos y civiles de todos los ciudadanos sin excepción alguna.