Condiciones de vida al interior de los penales

Condiciones de vida al interior de los penales

Por:

Leslie Solís, investigadora de México Evalúa

El Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2013-2018, dado a conocer en mayo de 2013, tiene como objetivo general “llevar a México a su máximo potencial”. Esto, por medio de cinco grandes metas, que se centran en buscar un México en paz, incluyente, con educación de calidad, próspero, así como con responsabilidad global.

Dentro de los objetivos del eje “México en Paz” está mejorar las condiciones de seguridad pública (Objetivo 1.3). Éste es un concepto bastante amplio, pues incluye varios temas y requiere de múltiples acciones específicas —como son la prevención de la violencia y la delincuencia, así como la transformación institucional y el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad. Aunque el PND sólo lo menciona tangencialmente, el papel del Sistema Penitenciario en este ámbito es vital, pues entre sus propósitos está el de ayudar a garantizar una reinserción social efectiva (Estrategia 1.3.2). No obstante, los programas orientados a la reinserción no siempre son efectivos. De hecho, alrededor de 16 por ciento de quienes obtuvieron una sentencia condenatoria en 2011 eran reincidentes, tal como muestran las Estadísticas en Materia de Justicia Penal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). 

Las condiciones dentro de los penales de ninguna manera son óptimas para lograr la reinserción social de los internos. Por un lado, en México la ocupación penitenciaria en 2011 fue de 124.4 por ciento, lo cual se considera hacinamiento. Incluso, en nueve estados, este porcentaje fue superior a 150: Chiapas (150.2), Sonora (152.9), Hidalgo (153.9), Tabasco (158.6), Morelos (159.2), Nayarit (168.9), México (175.1), Jalisco (176.4) y el Distrito Federal (181.9). Asimismo, se observa una limitada capacidad de control por parte de los funcionarios penitenciarios (ver “Seguridad y Justicia Penal en los estados: 25 indicadores de nuestra debilidad institucional”).

Los resultados de las Encuestas a Población en Reclusión, realizadas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) confirman que las condiciones al interior de los penales no son óptimas para lograr la reinserción social de los internos. De acuerdo con la encuesta de 2012 a la población interna de los Centros Federales de Readaptación Social, existe escasez de artículos de uso diario (tales como jabón, pasta de dientes, cepillo de dientes y papel de baño), la calidad de la comida y la atención médica es mala, los internos mantienen muy poca comunicación con sus familiares, hay castigos que no favorecen la reinserción y hay muchos que no participan en actividades recreativas y productivas. De hecho, muchas de las condiciones de vida al interior de los penales parecen hacer alusión a las descripciones de las cárceles siberianas del siglo XIX en la Rusia Imperial, las cuales describe Fiódr Dostoyevski en “Memorias de la casa de los muertos”.

En el tema del acceso a artículos de uso diario, es importante notar que a cerca de 99 por ciento de los internos de los Centros Federales le proporciona sábanas, cobijas, ropa y zapatos. No obstante, hay escasez de otros productos, sobre todo aquellos de higiene personal. Según la encuesta del CIDE de 2012, la institución no suministra los siguientes artículos:

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

Fuente: Encuesta a Población en Reclusión en Centros Federales de Readaptación Social, CIDE,2012.

De igual manera, cabe destacar que 42.1 por ciento de los internos opina que la calidad de los alimentos al interior de los penales es mala o muy mala y 36.6 por ciento piensa que la atención médica es mala o muy mala.

Además, los internos mantienen poca comunicación con sus familiares: 11.7 por ciento habla por teléfono con sus familiares cada semana, 47.3 por ciento cada dos semanas, 22.7 por ciento lo hace una vez al mes y 9.5 por ciento no lo hace nunca.

Fuente: Encuestas a Población en Reclusión en Centros Federales de Readaptación Social, CIDE, 2012.

En el caso de las visitas de los familiares, se observa la misma situación, hay muy poco contacto: 80.3 por ciento de los internos en los Centros Federales de Readaptación Social aseguró que en los seis meses previos a la encuesta no recibió ninguna visita por parte de sus familiares, 4.3 por ciento dijo que recibe visitas cada seis meses, 3.5 por ciento cada tres meses, etc. Según los internos, las principales razones por las que casi no reciben visitas es la falta de dinero, que sus familiares viven lejos, que los trámites son costosos, que no le autorizan que los visiten, que hay malos tratos hacia los familiares y que ellos mismos piden que no los visiten. De igual forma, cabe destacar que 90.7 por ciento de los internos no recibió una visita conyugal en el último año antes de la entrevista.

La falta de comunicación con los familiares es especialmente grave porque “la familia juega un papel determinante en las posibilidades de reinserción de las y los internos”, además, “aislar a los internos del contacto con su familia disminuye drásticamente sus posibilidades de reinserción social e incrementa las de reincidir en las conductas delictivas” (CIDE 2012, p. 47).

El caso de los castigos resulta interesante. A 36.8 por ciento de los internos le han impuesto algún tipo de castigo, como aplazar o eliminar la visita de familiares, aislamiento, suspensión de estímulos como la televisión, deportes, asistencia a clases o la posibilidad de realizar un trabajo, traslado a un módulo especial, así como realizar jornadas de trabajo extra. De igual forma, se registran otros castigos, como golpes, eliminación de la posibilidad de bañarse, negación de comida, etc. Cabe mencionar que tal como se establece en la publicación del CIDE, “ninguno de estos castigos favorece las posibilidades de reinserción social de los internos/as” (CIDE 2012, p. 53).

Aunque muchos de los internos participan en actividades deportivas (84.5 por ciento), de capacitación (59.7 por ciento), de limpieza (82.7 por ciento) y de trabajo (46.4 por ciento), es necesario mejorar estos programas porque ayudan a logar una reinserción social positiva. Estas actividades se deberían promover más.

Todos los factores antes mencionados son esenciales para que los internos puedan reinsertarse en la sociedad de forma exitosa, por lo que, sin duda, deberían ser atendidos por las autoridades. Si los centros penitenciarios no cumplen su objetivo de lograr una reinserción social positiva, “la pena pasa a ser venganza, más que justicia” (CIDE 2012, p. 77). Por tanto, es preciso revisar los programas en los centros, pues sin esto, es imposible alcanzar un “México en Paz”, con buenas condiciones de seguridad pública, tal como se establece en el Plan Nacional de Desarrollo.