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Carlos Guzman

Periodista desde 1994, egresado de la FES-Acatlán UNAM de la carrera de Comunicación, funge como editor de noticias en México SOS.

La apatía política (y ciudadana) del mexicano.

por Carlos Guzman
Carlos Guzman
Periodista desde 1994, egresado de la FES-Acatlán UNAM de la carrera de Comunica
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en Jueves, 05 Enero 2012
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En primer lugar no hay que generalizar acerca de que todos los mexicanos somos apáticos en la participación política y ciudadana. Lo cierto es que algo pasa en México que enfrenta una crisis de violencia no vista desde hace muchos años, que tiene a la mayoría de los ciudadanos en una especie de hipnosis que le impide participar más activamente en las decisiones que se toman en este país y que nos afectan a todos.

Hemos visto, el año pasado, cómo una ola ciudadana se hizo presente desde las aguas del Río Nilo para derrocar al ex-presidente Hosni Mubarak, pasando por el desierto del Sahara para acabar con la larguísima dictadura de Muammar Gaddaffi hasta la bota italiana para pedir la renuncia de Silvio Berlusconi o las grandes masas griegas, españolas y hasta norteamericanas que tomaron las calles para hacer valer su voz ante problemas que les competen.

Ahora bien como apunta Sara Sefchovich (ver “¿Y nosotros cuándo?”, Sara Sefchovich, Nexos, 1/11/2011), ¿por qué en México no ha pasado nada de esto? La intelectual profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México brinda diversas teorías que van desde que la sociedad mexicana sólo ve por el presente y no por su futuro hasta que somos una sociedad netamente individualista, es decir, el mexicano bien podría hacer suya aquél dicho que menciona: “mientras no me pase a mí, no hay problema”.

No falta quien diga que ha habido grandes marchas ciudadanas que exigen desde más seguridad, más empleo o un sinfín de peticiones y que han llenado la famosa plancha del Zócalo de la Ciudad de México, de marchas que han recorrido el país entero o de que en varias ciudades importantes se realizan plantones dirigidos por activistas, pero en honor a la verdad son los menos. Un ejemplo, en las grandes movilizaciones que se dan en el Zócalo de la mencionada capital de la República, cálculos más, cálculos menos, es posible que se llegue a las 600 mil personas con todo y las calles aledañas, sin embargo esto no llega ni al 10% de la población del Distrito Federal y su zona conurbada cuyo aproximado es de 20 millones de personas, si no es que más.

¿Qué empujón le hace falta al mexicano promedio para participar más activamente como ciudadano y por ende en la política?, ¿se siente en una zona de confort donde deja los problemas a los políticos y no tiene una visión de largo plazo? Hay que tomar en serio a Sefchovich y releer a Octavio Paz con su excelente ensayo “El laberinto de la Soledad” o adentrarnos más en la obra de Samuel Ramos: “El perfil del hombre y la cultura en México” que tratan de abrir el alma del mexicano en general y su visión del mundo.

No hace mucho el Presidente de esta asociación, Alejandro Martí, apuntaba que no es lo mismo ser “ciudadano que habitante” y pienso que la mayor parte de los mexicanos somos habitantes y sólo nos convertimos en ciudadanos el día de las elecciones. Como esperando que venga un mesías a salvarnos de todos los males que aquejan a la patria.

No se trata de ser un erudito o un sociólogo concienzudo para ver la realidad. Ya en el siglo XIX Porfirio Díaz hablaba de que al mexicano le interesaba satisfacer sus necesidades económicas y su seguridad personal: “Los mexicanos están contentos con comer desordenadamente antojitos, levantarse tarde, ser empleados públicos con padrinos de influencia, asistir a su trabajo sin puntualidad, enfermarse con frecuencia y obtener licencias con goce de sueldo, no faltar a las corridas de toros, divertirse sin cesar, tener la decoración de las instituciones mejor que las instituciones sin decoración, casarse muy jóvenes y tener hijos a pasto, gastar más de lo que ganan y endrogarse con los usureros para hacer posadas y fiestas onomásticas. Los padres de familia que tienen muchos hijos son los más fieles servidores del gobierno, por miedo a su miseria; a eso es a lo que más le tienen miedo los mexicanos de las clases directivas, a la miseria, no a la opresión, no al servilismo, no a la tiranía; a la falta de pan, de casa y vestido, y la dura necesidad de no comer o sacrificar su pereza” (De Francisco Bulnes, citado por Paul Garner en su ensayo “Porfirio Díaz” dentro del libro Gobernantes Mexicanos Tomo 1, de Will Fowler, páginas 387-388, Fondo de Cultura Económica, México, 2008).

Este individualismo del mexicano puede ser explicado por muchas razones históricas: habrá quien diga que desde la dominación española, pasando por las traumáticas guerras e invasiones del siglo XIX, la Revolución de principios del siglo XX, el largo gobierno del PRI que terminó en ese mismo siglo hasta los tropezones que ha tenido la democracia en los casi 12 años del siglo XXI. No obstante, esto no es justificación. Es ahora cuando los mexicanos, en un momento tan delicado como el que vivimos en medio de una espiral de violencia que parece infinita, debemos levantar la voz como uno solo y construir lejos de los andamiajes mañosos de la política, la promoción de una verdadera cultura de la legalidad que nos permita tener un México más próspero en los años por venir.

Dejar de ser habitante para convertirnos en ciudadanos se convertirá en una verdadera batalla del pensamiento del mexicano en las próximas décadas.


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