Más allá de los derechos que conlleva, la corrección política que ha acompañado al nombre y los buenos deseos para fortalecerla, la condición de la ciudadanía implica también obligaciones. Por lo tanto un ciudadano pleno es responsable de sus actos, omisiones y errores. Lo último es importante, especialmente al articular demandas frente a los poderes públicos: una táctica incorrecta o realizada a destiempo lleva al fracaso; requiriéndose de un ejercicio sincero de reflexión y replanteamiento.
Hace más de dos años, durante la campaña intermedia de 2009, la organización México SOS presentó el Pacto Nacional Ciudadano “Mi voto por tu compromiso” cuyo fin era que los ciudadanos otorgaran su voto únicamente a los candidatos que se comprometieran con la ciudadanía. La agenda de las demandas incluía una serie de propuestas tanto institucionales como en materia de seguridad.
Como se esperaba, un buen número de candidatos ávidos de publicidad se apresuraron a adherirse a la propuesta. La opinión pública se dividió entre quienes celebraron la idea y aquellos que optamos por el escepticismo. El resultado está a la vista de todos: las demandas siguen sin cumplirse e incluso algunos candidatos votaron distinto a cuanto habían prometido.
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