México SOS
La inseguridad interminable
2011-08-24 00:00:00 en | 0 Comentarios
Fuente: Reforma
http://www.reforma.com/
24 Ago. 11
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Analíticamente el asunto de la seguridad está agotado. No hay nada más que decir. Podemos seguir informando sobre el infierno cotidiano de los asesinatos sin fin, narrar los innumerables eventos de brutalidad social, reseñar la estupidez irresponsable de algunos rápidos y furiosos norteamericanos, publicar reiterativamente las opiniones sobre la actuación del gobierno, expresar con mayor fuerza nuestro horror, angustia e ira, describir los diálogos que las organizaciones y líderes sociales tienen con los poderes del estado (en minúscula), registrar también los nuevos pronunciamientos de iglesias, organismos internacionales, redes ciudadanas y hasta de la UNAM, pero la política de seguridad pública es analíticamente un tema agotado. Todo ha sido dicho, examinado y propuesto.
En estos años se han hecho todos los análisis de política posibles. Se han mencionado todas las definiciones posibles de la inseguridad, de sus dimensiones, múltiples causas y los efectos que ocasiona en la economía, la convivencia, la reputación internacional, la migración. Se han listado todas las posibles opciones de acción para abordar el problema y no solo la opción armada y bélica. Se han señalado todos los atropellos, incompetencias e incoordinación de los responsables de la ejecución de la política, desde los policías y los gobiernos locales hasta el gobierno federal y las fuerzas armadas, pasando por funcionarios ministeriales y jueces. Ignoro si, además de las cifras terribles del incremento del crimen (como las que presentaron este lunes SOS y México Evalúa), se han realizado evaluaciones oficiales de los resultados de la política en curso. La política de seguridad de este gobierno será un estudio de caso muy consultado, pues es un caso ejemplar de gobierno con buenas intenciones y malos resultados, con fallas en los momentos analíticos y políticos que integran el ciclo de la política pública, empezando con la definición del problema.
Si analíticamente todo está dicho, prácticamente hay muchísimo por hacer, no obstante la captura semanal de capos del crimen (¿cuáles son los resultados de sus aprehensiones?, ¿rompen los eslabones operativos de la cadena causal del crimen?). El punto débil de la política de seguridad se ubica en este momento en su dimensión práctica y en dos puntos prácticos que son cruciales para su éxito: el organizativo-gerencial y el político. En este momento el asunto es de gestión más que conceptual y un asunto político más que de política. Los dos asuntos son interdependientes pues la incompetencia y la desorganización intergubernamental son expresiones del descompromiso político.
Seguramente se han intentado todas las acciones para realizar el objetivo de una sociedad segura y de leyes: servicios de inteligencia, capacitación, equipamiento, vigilancia disuasiva, coacción directa, rescate de espacios públicos, política social más intensa y focalizada, participación ciudadana... Pero las evidencias muestran que falta la pieza decisiva de una buena gestión local e interorganizacional de la seguridad. Muchas situaciones pasadas mostraron el grado de inconexión operativa que había entre policías, fuerzas armadas, gobiernos y dejaron claro que la incoordinación dejaba desprotegida a la población frente a los actos criminales. Lo que Torreón muestra es la incompetencia de una policía local que se enfrasca a tiros en medio de una aglomeración de ciudadanos y que hasta este momento no logra dar una versión creíble del suceso. Nadie menosprecia lo difícil y peligroso que es trabajar en el campo de la seguridad pública, pero la condición de alto riesgo debe exigir justamente la organización más apropiada, con principios y protocolos de acción, intercomunicación en tiempo real, decisiones programadas.
Falta asimismo la pieza clave del compromiso político, que transforme la inseguridad en cuestión de Estado, en un problema cuya solución es fundamental para que el Estado mexicano sea aquí y ahora Estado real y pueda serlo en el futuro. La llamada "generación del fracaso" muestra en este punto decisivo su incapacidad de gobernar y hacer que el Estado nacional cumpla sus responsabilidades básicas. Lo que vemos desde la sociedad es que la política de seguridad es un asunto del gobierno federal, que jala a remolque a los gobiernos estatales y municipales que padecen el problema pero que juzgan que no es de su responsabilidad y que tampoco tienen la capacidad para abordarlo. No observamos un compromiso explícito de los poderes públicos, los gobiernos y los partidos con la solución del problema, que es un asunto crítico de futuro. Un botón de muestra es la ley de seguridad pública y otras leyes relacionadas con el control de crimen que son de interés de Estado y no del gobierno federal, pero seguimos en espera desde hace un año que los legisladores decidan discutirlas, mejorarlas, acordarlas. Mientras tanto la clase política y su corte de militantes se interesan en las elecciones más que en las soluciones y en los dineros del 2012 más que en un gasto eficiente y transparente.
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