Sin embargo afirma que las condiciones de este delito en la capital es alentadora toda vez que en el mismo tiempo se presentó un decremento de 12%, mientras que en el resto de la república hubo un aumento de 25%.
Comenta que 90% de los secuestros quedan solucionados, con la víctima rescatada y el caso esclarecido, donde el chofer, el contador, el socio, el vigilante, la persona de servicios, el novio o el sobrino, estuvieron involucrados.
“Los secuestros van bajando porque no quedan impunes”, mencionó.
En tanto, investigadores y académicos explican que de unos años a la fecha el fenómeno del secuestro en la ciudad presenta un proceso de pauperización y democratización que ha afectado a los sectores económicos más desfavorecidos pues significa más vulnerabilidad, menos capacidad de reacción, menos denuncia y menos posibilidades de movilizar a las autoridades.
Además la visión de los secuestradores también es empresarial al contemplar menos inversión y mayor ganancia, opinan expertos.
Gustavo Fondevila, investigador y académico del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) afirma que esa incapacidad de las clases bajas de respuesta ante un delito como el secuestro genera altos grados de impunidad que se reflejan en una cifra negra que llega a 60%.
Daniel Cujama, académico del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe), concuerda con Fondevila y menciona que todas las formas del secuestro también se han modificado.
“El delito se ha convertido en intraclase pues todas se roban entre sí”, afirmó el también especialista.
Fuente: El Universal
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