Confiar en la policía - Editorial de El Universal
Confiar en la policía - Editorial de El Universal
Una de las mejores armas contra la delincuencia es la denuncia ciudadana. La policía no puede tener cámaras y agentes en cada esquina, pero con el flujo de comunicación adecuado, autoridades y ciudadanos pueden hacer que los delincuentes no tengan dónde esconderse. Para lograr ese objetivo, sin embargo, hace falta confianza entre las dos partes.
Ocho de cada diez mexicanos, de acuerdo con la encuesta Latinobarómetro 2010, desconfía de la policía. El hecho de que según la Comisión Nacional de Derechos Humanos y ONG más de 98% de los delitos quede impune se explica en parte por esta reticencia de la sociedad frente a sus autoridades inmediatas.
En la Ciudad de México el gobierno local encontró una respuesta al problema con la aplicación de un modelo denominado “policía de proximidad”. Consiste en “estrechar la relación del ciudadano con su policía”, para así generar una confianza que responda —con participación ciudadana— a los problemas de seguridad específicos de cada comunidad.
El programa dio inicio en la presente administración. La idea era que cada unidad policiaca estuviera asignada a “cuadrantes” de entre 800 metros cuadrados y un kilómetro cuadrado, con la idea de que en esa área de territorio los vecinos tuvieran en todo momento contacto directo con sus patrulleros.
Los resultados han dejado qué desear. Una encuesta realizada por EL UNIVERSAL a mil capitalinos, entrevistados cara a cara, detectó que el 74% de ellos no ha oído siquiera hablar sobre este sistema de seguridad y sólo 25% ha escuchado sobre el programa. Además el 62% no ha notado una mayor eficiencia de la policía con los cuadrantes, en tanto que 35% dijo que sí.
Esto no implica desde luego que el modelo de policía de proximidad deba cambiarse. Se trata de un esquema de cooperación que, bien aplicado, resulta en una policía no sólo cercana a la gente sino incentivada por mecanismos de transparencia y rendición de cuentas.
Es posible que la respuesta a la falta de conocimiento de la ciudadanía sobre este programa sea una cuestión de difusión. Pero también tendría que evaluarse si los elementos están suficientemente capacitados —e incentivados— para trabajar junto con la gente. Igual de importante será que las instituciones responsables estén abiertas al escrutinio público y no únicamente el último eslabón de la cadena: el policía de zona.
