¿Usted le tiene miedo a la policía?
¿Usted le tiene miedo a la policía?
Ernesto López Portillo en El Universal
Alguien debería hacer una encuesta nacional del miedo a la policía. Anticipo que el resultado sería desolador. Vaya a donde vaya, personas de todos los estratos socioeconómicos, ciudadanos de a pie o conspicuos líderes independientes, altos funcionarios y servidores públicos de jerarquías menores expresan el miedo a la policía. Con especial intensidad lo he atestiguado entre poblaciones en situación de vulnerabilidad extrema, como los grupos indígenas o los migrantes. No sé si el miedo a la policía esté en todos lados, pero así parece. El miedo es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”, leo en el diccionario. O sea, en una proporción desconocida pero a mi entender mayoritaria, los mexicanos estamos o creemos estar en riesgo de daño ante quienes representan a las instituciones policiales.
Primero, hay que decir que el miedo a la policía nos coloca lo más lejos posible de una experiencia policial democrática, misma que tiene en la base precisamente el otro extremo, la confianza social. Segundo, debemos reconocer que la policía que tenemos es una construcción política y social; por más que nos cueste aceptarlo, esta policía que tenemos se construye y reconstruye día a día desde las determinaciones políticas y los códigos sociales que la rodean. Buena parte de lo que las instituciones policiales hacen y dejan de hacer deriva de lo que los políticos y la sociedad le proponen y le permiten. Como dijo un experto francés: “La policía no es mejor ni peor que la sociedad que la crea”. Y lo tercero que debemos hacer es preguntarnos qué función cumple el miedo a la policía. El miedo aleja, la confianza acerca. ¿A quién le sirve una policía lejana a la sociedad? Antes que a nadie, le sirve a quienes se benefician de lo que puede hacer una policía distanciada, lo cual equivale a invisibilidad. Así, la distancia es la posición que asegura la opacidad y ésta abre paso al quehacer fuera de control. En suma, la desconfianza es una función de la distancia y ésta de la opacidad. Resultado: arbitrariedad.
Gobiernos van y vienen por todo el país y el miedo a la policía persiste y en escenarios de violencia extrema crece. Ante la violencia privada las instituciones policiales en México se alejan aún más de la sociedad, refugiándose en una respuesta violenta que, justo enmarcada en la opacidad, se acompaña de abusos y brutalidad inconfesables hacia el interior y exterior de ellas. Y la violencia policial ejercida fuera de los límites constitucionales y de los controles legales y protocolarios termina por abonar al temor. Una mirada más profunda obliga a indagar sobre la manera en que las y los policías instrumentalizan en su beneficio ese temor y participan en su reproducción. Al final de cuentas, el temor hacia la policía la coloca en una relación de dominio ante el ciudadano, en particular el que está en condiciones más vulnerables. La cultura institucional en la policía incentiva el uso de cualquier recurso de dominio hacia afuera, justo porque la mayoría de quienes la integran son también objeto de mecanismos de sometimiento ahí adentro.
A pesar de la debilidad crónica de los sistemas de información sobre el comportamiento policial, internos y externos, la consistencia de relatos no deja dudas y hemos llegado al punto de la disfuncionalidad estructural de la relación entre policía y ciudadanos. Hay referentes extranjeros que buscan cerrar la brecha de la información pública entre lo que la policía dice que hace y lo que realmente hace, como el Proyecto Nacional de Reportes sobre Mala Conducta Policial del Instituto Cato, iniciativa que debiera inspirar ideas en México para acercarnos a dimensionar el problema (http://www.policemisconduct.net/are-you-afraid-of-police-misconduct/). David Packman, el líder del proyecto, hace la pregunta: ¿usted le tiene miedo a la policía? En México debemos cuestionar lo mismo.
