Transición en seguridad

Sep
14

Transición en seguridad

Editorial de El Universal

El día de ayer, el presidente Felipe Calderón se reunió con el mandatario electo Enrique Peña Nieto y su equipo de transición para revisar los temas de seguridad pública. De acuerdo con Los Pinos, el objetivo de la reunión fue compartir con el futuro gobierno un diagnóstico acerca de la seguridad en el país.

Se trata de un evento inédito que debemos celebrar como un acto de civilidad en el que dos administraciones emanadas de partidos políticos distintos deciden compartir información fundamental al respecto de un tema esencial. Hay que valorar el establecimiento de puentes que permiten marcos mínimos de entendimiento acerca de un asunto que es de enorme relevancia para todos los mexicanos y que es crucial para la viabilidad del Estado.

Estos lazos de mínima colaboración no implican necesariamente que el gobierno entrante vaya a darle continuidad a las actuales estrategias de seguridad que hasta ahora se han puesto en marcha. Significa que a partir de encuentros como éste y mediante el intercambio de información, el nuevo gobierno podrá hacerse una idea de lo que podría continuar, porque se ha hecho bien, y aquello que requiere un ajuste o un cambio total de la estrategia.

Por eso el encuentro de ayer es doblemente valioso, ya que además de mostrar la civilidad política de los actores, permite a la administración entrante trazar un plan meditado, lo que hace seis años, por diversas razones, no sucedió.

El diseño de un diagnóstico realista en seguridad debe fundamentarse en resultados de lo que hasta ahora se ha hecho y sus resultados.

Esto incluye tanto las valerosas acciones de los cuerpos de seguridad del Estado, como la evaluación sincera de lo que significa para la presente administración indicadores tales como el incremento de los homicidios dolosos vinculados al crimen organizado; la expansión de la actividad de la delincuencia organizada en temas como la extorsión, el secuestro o el tráfico de personas; los apenas intocados montos internacionales de trasiego de droga; así como el desesperantemente inamovible número de adictos en los Estados Unidos, más el incremento de adicciones en nuestro país.

No son tiempos de reinventar el país y tirar todo por la borda, pero sí de coyuntura para aplicar nuevas metodologías y ensayar nuevos caminos, todos firmes y contundentes, pero siempre dentro de un marco de libertades y democracia.


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