Simulan ser de la CFE y rescatan a plagiado
Simulan ser de la CFE y rescatan a plagiado
Implementan policías capitalinos operativo encubierto en la delegación Tláhuac; se pedían tres millones de pesos de rescate
Fuente: La Razón
Vestían como trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Llegaron en una grúa telescópica y subieron a la canastilla fingiendo revisar el cableado y el alumbrado público. Ahí estuvieron un par de horas supuestamente haciendo maniobras de reparación. La realidad era otra: eran agentes de la Procuraduría capitalina disfrazados, que desde arriba espiaban una casa de seguridad donde unos secuestradores mantenían cautivo a un jubilado.
En la colonia La Conchita, delegacón Tláhuac, nadie sospechó de esos hombres. No imaginaron que desde esa grúa observaban los movimientos dentro del terreno y confirmaban que en esa casa en obra negra y que tenía cobijas en las ventanas estaba cautivo don Alejandro.
La Policía de Investigación (PDI) llegó ahí la semana pasada, poco después del plagio de este jubilado por quien se exigía un rescate de tres millones de pesos.
El GPS de su teléfono se mantuvo encendido el día que lo raptaron y en ese punto emitió señal por última vez.
Fue así como los agentes encontraron esta casa con doble portón y a medio construir en la calle Eleuterio Méndez.
Durante tres días la vigilaron día y noche. Y supieron que un hombre salía a diario a las 8:00 de la mañana y a las 3:00 de la tarde a comprar comida a una fonda, a tres cuadras de ahí.
Al verlo regresar siempre con recipientes con comida, los detectives estaban seguros de que era para el secuestrado, aunque no estaban seguros de qué sucedía adentro.
Entonces idearon disfrazarse de trabajadores de la CFE. Se pusieron overoles y consiguieron un camión con canastilla. Y así subieron para vigilar el lugar. Desde arriba observaron los cuartos, vieron las entradas y salidas y supieron que la única forma de entrar sería brincando la barda.
Tras analizar todo, los investigadores arrancaron el operativo de rescate. Cuando Héctor Chávez salió por la comida, como hacía a diario, los agentes de la Fuerza Antisecuestros (FAS) lo capturaron.
En menos de un minuto dos elementos del Grupo Especial de Reacción e Intervención (GERI) colocaron una escalera para pasar la barda, entraron al inmueble, tumbaron una puerta y se lanzaron para cubrir al señor secuestrado que estaba sentado en una cama. Sus compañeros detrás de ellos cayeron sobre el plagiario que lo cuidaba a unos metros.
Los ojos azules de don Alejandro estaban tapados con cinta adhesiva. No sabía qué pasaba.
—Pensé que se estaban peleando entre ellos. ¡Gracias, señor, gracias!—les dijo el hombre a los agentes que lo rescataron.
—Tranquilo, somos la policía, ya se va para su casa—le respondieron, mientras él comenzó a llorar.
