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DESTACADO. Votar o no votar.
2009-06-07 18:44:07

Columna dominical de Luis Rubio en REFORMA

Para Hamlet el dilema giraba en torno a asumir el reinado con toda la violencia que vengar la muerte de su padre habr�a implicado. Para el votante mexicano el dilema es menos dram�tico pero a la vez m�s fundamental: c�mo usar su voto de la manera m�s inteligente posible. El debate sobre el voto est� en apogeo, pero el riesgo de anular el voto es infinitamente superior al beneficio.

Empleando argumentos serios y respetables, muchos estudiosos y comentaristas han abogado por la abstenci�n o por la anulaci�n del voto en la pr�xima elecci�n. Normalmente, el dilema de un votante es por qui�n votar -persona o partido- y no el de si acudir a las urnas o c�mo cancelar su voto una vez en la casilla. El movimiento en pro de la abstenci�n o la anulaci�n del voto es un intento de protesta contra la par�lisis pol�tica, la impunidad y la corrupci�n. Nadie puede negar estos vicios y su arraigo en nuestra realidad pol�tica. Por eso, visto desde esa, muy estrecha, perspectiva, parecer�a razonable considerar la opci�n de no votar o anular el voto.

Pero �sa no es una alternativa convincente. En mi opini�n, anular el voto es un mal camino para el votante, para la democracia y para el futuro del pa�s. Anular el voto no hace sino sumar al conjunto de votos desechados y ni siquiera es probable que se pueda distinguir entre los votos anulados por errores del votante de aquellos intencionalmente anulados. Es decir, independientemente de la legitimidad de una causa, el procedimiento inherente a la anulaci�n de un voto no conduce a una protesta cre�ble, adem�s de que niega la esencia de la democracia.

El voto es el instrumento b�sico en cualquier democracia y en la nuestra pr�cticamente el �nico. El votante mexicano ya de por s� tiene muy pocos derechos y todav�a menos instrumentos para hacerlos valer. Abdicar el voto me parece una manera torpe de ejercer un derecho democr�tico y una forma absurda de desperdiciar el �nico instrumento efectivo que existe en la peculiar democracia mexicana. Malbaratar el voto en estas circunstancias ser�a criminal.

Hay tres vertientes dignas de an�lisis sobre el tema de votar o no votar: el prop�sito que se persigue con no votar (a diferencia del derecho individual de acudir a las urnas o quedarse en su casa); la efectividad del no voto o de la anulaci�n del mismo; y el mensaje inherente que manda el ciudadano al ejercer sus derechos de esta manera.

El prop�sito es m�s que evidente. Quienes abogan por anular o no votar persiguen esencialmente registrar su descontento: protestar contra los males que aquejan al pa�s, contra la indisposici�n de la clase pol�tica para atender el reclamo y las necesidades de los ciudadanos y contra la corrupci�n y la impunidad. Todas �stas son causas relevantes y para las cuales no es dif�cil encontrar eco en el conjunto de la sociedad, aunque el movimiento es mucho m�s relevante entre lo que los foxistas llamaron "c�rculo rojo", es decir, los pol�ticos, los que comentan y escriben y los que forman opini�n p�blica.

El objetivo es, pues, protestar. La gran pregunta es qui�n escuchar�a la queja. Es decir, aunque muchos movimientos de protesta no buscan, en el fondo, m�s que la satisfacci�n de los quejosos, lo importante de un movimiento pol�tico que aspira a modificar la realidad reside en la efectividad de su mensaje. Un voto que no se materializa -una abstenci�n- simplemente no existe. El ganador y los perdedores se determinan no por el n�mero de personas que vot� respecto al padr�n total, sino entre los que acudieron a votar. De esta forma, aunque el nivel absoluto de abstenci�n es pol�ticamente relevante, la integraci�n de la pr�xima C�mara de Diputados la van a decidir quienes acudan a votar y no quienes se queden en sus casas. Lo mismo es cierto de los votos anulados. Aunque esa contabilidad se realice, es imposible distinguir entre los votos anulados como medio de protesta de los que son producto de errores de los votantes.

La historia es poco benigna para los movimientos de protesta de esta naturaleza. S�lo un movimiento masivo que incluyera a la abrumadora mayor�a de la poblaci�n ser�a susceptible de lograr un impacto medi�tico y, por lo tanto, pol�tico. Pero una situaci�n as� es poco probable de materializarse por la simple raz�n de que el voto duro de los partidos ah� estar� (por eso es duro) y, en estas circunstancias, �se ser� el que decida la elecci�n. Puesto en otros t�rminos, un movimiento abstencionista no tendr�a otro efecto que el de afianzar a los componentes m�s encumbrados de los partidos pol�ticos, precisamente esos que el movimiento acusa de ser parte de la corrupci�n y la impunidad.

Yo respeto a quienes argumentan con elocuencia por la anulaci�n del voto. Muchos de ellos son amigos cercanos y simpatizo con su posici�n. Pero la democracia no puede construirse a partir del rechazo de sus instrumentos. M�s bien, lo que verdaderamente hace falta es el desarrollo de un debate serio y profundo sobre los proyectos que est�n en juego, las propuestas de los partidos y su potencial impacto sobre la situaci�n del pa�s. Exhibirlos si no tienen proyectos; argumentar en lugar de negar el voto; obligar a los pol�ticos a responder en lugar de masificar una protesta con poca probabilidad de �xito.

El M�xico pol�tico necesita una nueva sacudida que eche para atr�s la ignominiosa ley electoral que le cercen� todo derecho a la ciudadan�a. La verdadera lucha tiene que ser contra la impunidad, por la reelecci�n, por la transparencia a nivel estatal y por la rendici�n de cuentas. La promoci�n del abstencionismo va en detrimento de la fortaleza institucional de los partidos, que es el instrumento a trav�s del cual deber�a funcionar la democracia. Hay que pelear por un cambio en el r�gimen de partidos, pero por la v�a legal, tal y como hemos intentado un grupo de ciudadanos al ampararnos contra esa ley. Yo no tengo duda de que un movimiento as� nos acercar�a al chavismo que, estoy seguro, es exactamente lo opuesto a las preferencias de todos los que propugnan por la anulaci�n del voto.

Por estas razones, un movimiento en pro de la anulaci�n del voto es estrat�gicamente riesgoso. El mayor de los peligros reside en que el mensaje que escuchen los pol�ticos sea que la ciudadan�a rechaza no a ellos, sino a la democracia, por circunscrita y limitada que est�. Al negar el �nico y ef�mero instrumento con que cuenta la ciudadan�a en nuestra realidad pol�tica, la poblaci�n no estar�a sino reprobando quiz� el mayor logro de las generaciones actuales. Anular el voto es, en t�rminos pol�ticos, un acto casi suicida, un acto de negaci�n. Apoyarlo implicar�a solidarizarse con el resultado.

 
P�gina en internet: www.cidac.org
 

 





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