DISCURSO DE ALEJANDRO MART� EN EL FORO NACIONAL SEGURIDAD CON JUSTICIA
Alejandro Mart�, Presidente y Fundador de M�xico SOS abri� con un emotivo discurso el Foro Nacional "Seguridad con Justicia"
Ante el Presidente de la Rep�blica, Felipe Calder�n Hinojosa, Alejandro Mart� dijo que a pesar de los cambios democr�ticos que ha tenido el pa�s a partir del a�o 2000 a�n no se ha desmantelado el andamiaje pol�tico que alent� por a�os la impunidad y la corrupci�n.
"Trabajemos por una cultura pol�tica democr�tica que no ignore la participaci�n ciudadana. No m�s gobiernos sin ciudadanos", manifest�.
Observa el discurso del Presidente de la Rep�blica, Felipe Calder�n Hinojosa.
Lea aqu� el discurso completo de Alejandro Mart�, Presidente y Fundador de M�xico SOS
DISCURSO DEL 24 DE JUNIO DEL 2009
Se�or Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Felipe Calder�n Hinojosa; se�or Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, Ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia.
Se�or Presidente de la C�mara de Diputados, C�sar Duarte; se�or Secretario de Gobernaci�n, licenciado Fernando G�mez Mont; Secretario de Seguridad P�blica, Genaro Garc�a Luna.
Procurador General de la Rep�blica, Eduardo Medina Mora; se�or Secretario T�cnico del Sistema de Seguridad P�blica, Jorge Tello Pe�n; Gobernador Constitucional de Morelos, Marco Antonio Adame.
Felipe Borrego, Presidente del Consejo para la Reforma Judicial; doctora Ana Laura Magaloni.
Se�oras y se�ores:
Hace alg�n tiempo escuch� del padre italiano Javier de Nicol�, en Bogot�, el concepto de Ni�os Blandos. Este padre ha dedicado su vida al trabajo con ni�os de la calle en Bogot�.
Se trata, seg�n lo define �l, de ni�os que no sirven sino para ser usados por el crimen; desde los cinco a�os hasta los 16, cuando suelen terminar su vida, casi siempre de forma violenta, se convierten en agentes de delito del narcomenudeo y del sicariato.
Son infantes reclutados en los espacios p�blicos, que la sociedad le va cediendo por temor y de manera paulatina a la delincuencia.
Eso, se�or Presidente, queridos amigos, es lo que no queremos que les ocurra a nuestros hijos, ni lo queremos para nuestro M�xico; sin embargo, los diagn�sticos nos dejan poco espacio a la esperanza.
Hoy vemos que en las comunidades en las que los �ndices de violencia se han elevado, las personas se alejan de las �reas riesgosas, cediendo as� los espacios p�blicos y desestructurando las actividades comunitarias.
Antes, las colonias eran p�blicas; ahora son comunidades cerradas, muchas veces vigiladas por grupos privados, torn�ndose en espacios aislados para la acci�n misma de la autoridad.
Esto, dig�moslo claro, es p�rdida de libertad, porque afecta a la organizaci�n social, la confianza, trastoca las normas de convivencia y desarticulan las redes de interacci�n social; afectan los valores fundamentales de la estabilidad democr�tica.
Esta violencia e inseguridad que parecer�an epid�micas, han afectado las normas de confianza que son sustanciales para la convivencia social y las han tornado en actitudes de desconfianza, sospecha y temor entre ciudadanos.
Esto significa que estamos perdiendo ciudadan�a por motivos del crimen y la impunidad, pero tambi�n, y m�s grave a�n, por la indiferencia, la ineficiencia, la corrupci�n y la omisi�n de muchos miembros de nuestra clase pol�tica. No negamos, con justicia, que existen excepciones.
Ve�moslos desde otro �ngulo. Por un lado, el ciudadano se segrega por el temor a ser victimizado por la delincuencia; y por el otro, se muestra refractario a participar en el ejercicio democr�tico de la elecci�n, motivado por el desencanto de los pol�ticos.
La ciudadan�a est� victimizada por dos frentes hostiles: el delito y la ineficacia de los pol�ticos en el combate al crimen; as� como el agotamiento del sistema de justicia penal.
Eso puede llevarnos al grave riesgo del desencanto ciudadano por la democracia y a que se abra a tentaciones de opciones autoritarias.
Hay un segundo dilema que enfrentamos los ciudadanos. El combate al crimen organizado nos ha ido revelando c�mo �ste ha logrado infiltrarse por a�os ya no s�lo en las estructuras policiacas, sino en las pol�ticas, propiciando la duda en la legitimidad de las instituciones.
Se�oras y se�ores:
Esto no puede suceder m�s. No m�s gobiernos sin ciudadanos. �sta debe ser la hora, hoy debe ser la hora del ciudadano.
Nos dijeron que era sano para la democracia quitarle poder al Presidente y trasladarlo al Congreso.
Y ahora vemos a nuestros representantes populares atrincherados en sus mezquindades pol�ticas, secuestrando el futuro del pa�s, regateando la posibilidad de construir aut�nticas pol�ticas de Estado y pensando s�lo en su rentabilidad pol�tica.
Vemos un Congreso integrado por legisladores distanciados de la sociedad, y resulta un contrasentido si tomamos en cuenta los millones de pesos que nos cuestan a los ciudadanos. Ah� existe otra fuente de hartazgo social.
Se�ores:
El objetivo es M�xico. No m�s un M�xico sin ciudadanos.
Quiero ser enf�tico en aclarar que no propongo ir en contra del sistema del Gobierno representativo, ni de gobernar por medio de asambleas populares, sino que los representantes, efectivamente, respondan al mandato ciudadano y que cumplan con sus exigencias.
Estoy refiri�ndome al fortalecimiento de las herramientas ciudadanas para la rendici�n efectiva de cuentas y para la fiscalizaci�n de las tareas sustantivas que est�n relacionadas con la seguridad y el combate al crimen y la impunidad, todo dentro de un marco institucional y bajo regulaciones claras, con protocolos de acci�n y tambi�n de responsabilidades.
Los observatorios ciudadanos de desempe�o, por ejemplo, legislativo o de procesos judiciales, deben generalizarse, porque de otra forma las inercias retrasar�n el cambio.
Saludo con benepl�cito al Observatorio Nacional Ciudadano reci�n constituido, as� como el Observatorio Ciudadano de la Justicia instalado hace unos meses por el Consejo de la Judicatura.
En el a�o 2000, la ciudadan�a dio el impulso a la transici�n democr�tica; cambi� el partido en el Gobierno Federal, pero a�n no se ha desmantelado el andamiaje pol�tico que alent� por a�os la impunidad y la corrupci�n.
Las estructuras siguen intocadas y lo siguen para los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El sistema de privilegios persiste y se reproduce, el equilibrio entre poderes no ha logrado construirse de manera eficaz, parcelando para cada uno de ellos su propio sistema de privilegios.
La pregunta que debemos plantearnos es: c�mo el ciudadano puede tomar el control de las instituciones que deleg� a los pol�ticos mediante la democracia representativa.
Eso es lo viable.
Yo digo que s�, simplemente diciendo no m�s. Como ciudadanos, debemos trasladar el costo pol�tico de la ineficacia y la impunidad de nuestra clase pol�tica a quienes los han postulado, es decir, a sus partidos pol�ticos.
Por ello, recientemente convocamos desde M�xico SOS al Pacto Nacional Ciudadano, Mi voto por tu Compromiso, con la finalidad de comprometer a los candidatos a diputados federales a impulsar las reformas que hagan realidad la reelecci�n de legisladores, presidentes municipales y jefes delegacionales.
En este sentido, estamos convocando a estos mismos candidatos a puestos de elecci�n popular a establecer un compromiso de cara a la ciudadan�a, con un mecanismo de rendici�n de cuentas. De esta manera, generar�amos un sistema de equilibrio que permitir�a a la ciudadan�a premiar o castigar electoralmente a los funcionarios y a sus partidos; premiar o sancionar electoralmente a los funcionarios y sus partidos de acuerdo con la calidad y compromiso en el desempe�o de su cargo. Es hora de los compromisos.
Nuestros pol�ticos deben actuar en nombre y representaci�n de los ciudadanos. Trabajemos, entonces, en una cultura pol�tica democr�tica que no ignore la participaci�n ciudadana.
Construyamos ciudadan�a; expandamos la acci�n ciudadana, como una de las formas para terminar con la impunidad, ese mal que ha victimizado tanto a nuestro querido M�xico, a nuestros j�venes, a nuestros hijos, a mi querido Fernando.
Quiero dirigirme a todas las madres, padres, esposas y esposos que han perdido a sus seres queridos en manos de esos engendros, hijos de la impunidad, o que a�n est�n en manos de ellos, para decirles que entiendo su angustia, su rabia y su coraje; nada, nada se le compara, nada hace cesar ese dolor, y m�s cuando vemos que sus victimarios son liberados.
El juez alega p�blicamente que el Ministerio P�blico no hizo bien su trabajo, y las Procuradur�as reclaman una deficiente valoraci�n de los juzgadores. �ste es el gran problema de nuestro sistema de justicia penal, que no s�lo es deficiente, sino caro y burocr�tico.
Ni los gobiernos ni los legisladores han sabido construir un eficiente sistema de justicia penal, el cual se basa en la lamentable tesis de que no gana quien tiene la raz�n, sino el que demuestra tenerla frente al juzgador; generando as� tambi�n que muchos inocentes est�n presos porque carecen de recursos, precisamente, y hay que decirlo con todas las palabras, porque son pobres.
Hagamos que nuestros m�rtires de la impunidad, que esos sacrificados y nosotros en nuestro terrible sufrimiento tengan un valor real; que no sea en vano tanto dolor, que sean el impulso que nos lleve a que nuestra exigencia de mayor seguridad y fin a la impunidad no s�lo sea tomada en cuenta, sino que produzca acciones y determinaciones legales e institucionales.
Desde la sociedad civil saludamos este Foro Nacional sobre la Seguridad con Justicia, que hoy inicia. Las expectativas son altas y esperamos, sobre todo, que todos en conjunto y cada quien desde nuestra trinchera, saquemos adelante lo tan anhelado, que es una justicia penal y una justicia para todos los mexicanos.
�se debe ser hoy el objetivo de ciudadanos y gobiernos: luchar por eso.
Las posibilidades est�n abiertas, la misma reforma en materia penal ha salido desde la ciudadan�a como una respuesta a ese agotamiento del sistema penal vigente.
Se�oras y se�ores:
No permitamos m�s p�rdida a la ciudadan�a. Construy�mosla, ampli�mosla, vigilemos, denunciemos. �sta es la hora del ciudadano.